El embajador de Irán en Bolivia, Bahram Shahabeddin, se retractó de unas declaraciones que generaron controversia luego de sugerir que Cochabamba podría convertirse en la nueva capital del país.

La polémica comenzó durante una visita oficial a Cochabamba, donde Shahabeddin expresó públicamente su deseo de que esa ciudad fuera considerada la nueva capital boliviana. Sus declaraciones provocaron críticas inmediatas y llevaron a la Cancillería a emitir un comunicado en el que recordó a los representantes diplomáticos extranjeros que no deben intervenir en asuntos internos del país.

Luego del revuelo, el canciller boliviano Fernando Aramayo convocó al embajador iraní a una reunión en La Paz. Tras el encuentro, Shahabeddin reconoció que “sus palabras no fueron formuladas de la mejor manera” y aclaró que solo buscaba destacar el valor cultural y gastronómico de Cochabamba.

El debate sobre la capitalidad en Bolivia es especialmente sensible desde la Guerra Federal de 1899. Actualmente, Sucre es la capital constitucional, mientras que La Paz funciona como sede de Gobierno. Por eso, cualquier comentario sobre posibles cambios suele generar fuertes reacciones políticas y regionales.

En paralelo, el Gobierno boliviano también convocó al embajador de Rusia para remarcar la importancia de respetar los canales diplomáticos oficiales. Estas tensiones ocurren en medio de un cambio en la política exterior impulsado por el presidente Rodrigo Paz, quien en los últimos meses fortaleció vínculos con países como Estados Unidos e Israel y tomó distancia de antiguos aliados del MAS, entre ellos Irán.

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