Bolivia habilitó sus refinerías para procesar petróleo crudo importado y comenzó una nueva etapa en su política de combustibles, marcada por la eliminación de los subsidios estatales.

La decisión permite que empresas privadas importen crudo para su procesamiento en las refinerías del país. El objetivo es aumentar la disponibilidad de combustibles y aprovechar la capacidad instalada para producir derivados destinados al mercado interno.

Al mismo tiempo, el Gobierno avanzó con la eliminación de los subsidios a la gasolina y el diésel. La modificación implica un cambio significativo respecto del esquema que durante años mantuvo precios de los combustibles por debajo de los valores internacionales mediante recursos públicos.

La apertura a la importación de crudo y la venta de combustibles sin subsidios forman parte de una estrategia orientada a reducir el déficit fiscal y disminuir la dependencia de las importaciones de combustibles terminados. Las autoridades sostienen que el nuevo esquema permitirá mejorar el funcionamiento del mercado y generar condiciones para atraer inversiones al sector energético.

El cambio, sin embargo, genera preocupación por su posible impacto sobre los precios y el costo de vida. El incremento del precio de los combustibles puede trasladarse al transporte y a otros sectores de la economía, especialmente en un país donde el diésel tiene un papel central en el transporte de mercancías y en las actividades productivas.

Con estas medidas, Bolivia busca reordenar su sistema energético y enfrentar la caída de la producción de hidrocarburos. El Gobierno deberá afrontar ahora el desafío de garantizar el abastecimiento y contener los efectos económicos y sociales derivados del nuevo esquema de precios.

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