El Fondo Monetario Internacional restableció formalmente su presencia institucional en Bolivia con la acreditación de su nueva representante residente, Martha Spinella. El retorno se produce después de casi dos décadas de distanciamiento y coincide con un acuerdo técnico por US$1.900 millones.
El Fondo Monetario Internacional retomó oficialmente sus relaciones institucionales con Bolivia luego de más de 19 años de ausencia. La nueva representante residente del organismo, Martha Spinella, presentó sus cartas credenciales al canciller Héctor Huanca, en un acto que formalizó el regreso del FMI al país y marcó un cambio en la relación entre La Paz y el organismo financiero internacional.
El retorno ocurre pocos días después de que el FMI anunciara, el 29 de julio, un acuerdo a nivel técnico por US$1.900 millones para respaldar el programa económico del gobierno de Rodrigo Paz. El entendimiento todavía debe ser ratificado por el Directorio del organismo, pero representa un respaldo internacional a las reformas que la nueva administración busca implementar para enfrentar la situación económica del país.
La relación con el FMI había quedado relegada durante los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce, que cuestionaron las condiciones asociadas a los créditos del organismo y su impacto sobre las políticas sociales y el papel del Estado. Aunque el Fondo regresó brevemente durante el gobierno de Jeanine Áñez con un préstamo de US$327 millones, Arce decidió devolverlo en 2021 junto con los costos asociados, por un total de US$24,3 millones.
El nuevo programa busca contribuir a la estabilización macroeconómica de Bolivia, reconstruir las reservas internacionales y reducir las vulnerabilidades fiscales y externas. También contempla el fortalecimiento de las redes de protección social y la promoción de un crecimiento con mayor participación del sector privado, en línea con el cambio de orientación económica impulsado por Paz.
La agenda acordada incluye además reformas estructurales destinadas a proteger a los sectores más vulnerables, mejorar la transparencia y la gobernanza, modernizar los marcos monetario y cambiario y fortalecer el sistema financiero. Con el regreso del FMI y el eventual desembolso del nuevo financiamiento, Bolivia abre una nueva etapa de cooperación con el organismo, en medio de una profunda transformación de su política económica.





