La decisión del presidente Rodrigo Paz de eliminar los ministerios de Turismo y Cultura, y de Planificación y Medio Ambiente, generó críticas de organizaciones, académicos y representantes de ambos sectores.
El Ejecutivo anunció que las funciones del Ministerio de Turismo y Cultura serán asumidas por una nueva agencia estatal dependiente del Ministerio de la Presidencia, con el objetivo de facilitar proyectos y promover alianzas entre el sector público y privado. En tanto, las competencias del Ministerio de Planificación y Medio Ambiente pasarán al Ministerio de Economía dentro de la nueva estructura administrativa.
La reestructuración despertó preocupación entre operadores turísticos y organizaciones culturales, que consideran que la medida debilita áreas estratégicas para el desarrollo del país. El sector turístico recordó que aún enfrenta las consecuencias económicas de los bloqueos que paralizaron Bolivia durante varias semanas, mientras que entidades culturales afirmaron que la decisión profundiza la falta de respaldo institucional y presupuestario para sus actividades.
Las críticas también alcanzaron al ámbito académico y ambiental. Especialistas señalaron que la desaparición de los ministerios reduce el peso político de estas áreas y advirtieron que ubicar las políticas ambientales bajo la órbita de Economía podría generar conflictos entre la promoción de inversiones y la protección de los recursos naturales. Incluso el vicepresidente Edmand Lara expresó reparos a la reforma al sostener que la reorganización no elimina la burocracia, sino que concentra funciones y poder en menos dependencias del Estado.
El Gobierno, por su parte, defendió la iniciativa como parte de un proceso de modernización del Estado destinado a mejorar la eficiencia administrativa y optimizar los recursos públicos. No obstante, el debate sobre el impacto de la reforma continúa abierto, con cuestionamientos sobre sus efectos en la gestión de la cultura, el turismo y el medio ambiente.





