La menor demanda de frutas y verduras afecta a pequeños productores hortícolas, muchos de ellos de origen boliviano, que enfrentan una fuerte baja en las ventas y crecientes dificultades para sostener su actividad.
La contracción del consumo interno comenzó a sentirse con fuerza en los mercados frutihortícolas de Argentina. La menor demanda de frutas y verduras, sumada al aumento de los costos de producción y transporte, afecta especialmente a los pequeños productores, muchos de ellos integrantes de familias de origen boliviano que desde hace décadas sostienen una parte central del abastecimiento de alimentos frescos.
La caída de las ventas obliga a comercializar parte de la producción a precios que, en numerosos casos, no alcanzan para cubrir los gastos de semillas, fertilizantes, alquileres, combustible y mano de obra. Al tratarse de productos perecederos, los productores cuentan con un margen reducido para esperar una recuperación de los precios y, ante la falta de compradores, enfrentan pérdidas de mercadería.
El impacto también alcanza a trabajadores rurales, transportistas, feriantes y comerciantes vinculados con la actividad. En los principales cinturones hortícolas del país, numerosas familias dependen de la producción diaria para sostener sus ingresos, por lo que una reducción prolongada de las ventas puede traducirse en endeudamiento, menor inversión y dificultades para iniciar una nueva temporada.
Frente a este escenario, los productores reclaman medidas que reduzcan los costos, faciliten el acceso al crédito y mejoren los canales de comercialización directa. Advierten que la crisis no afecta únicamente a las comunidades bolivianas, sino también a toda la cadena de abastecimiento y a los consumidores, debido al riesgo de que disminuya la producción local de alimentos frescos.





