Aunque las encuestas muestran un MAS debilitado, su maquinaria política sigue activa y fuerte. La inesperada victoria en 2020 demuestra que subestimarlos puede ser un error que la oposición no debe repetir.

A pesar de que las encuestas actuales reflejan una aparente debilidad del Movimiento al Socialismo (MAS), muchos analistas coinciden en que su estructura política continúa siendo una de las más organizadas y eficaces del país. La capacidad del MAS para movilizar votantes, especialmente en zonas rurales y sectores populares, sigue siendo un factor determinante que podría incidir fuertemente en los resultados de las elecciones de 2025.

La experiencia de 2020, cuando el MAS logró una victoria contundente a pesar de un escenario adverso, dejó una lección clara: subestimarlos puede ser un error estratégico para la oposición. El llamado «voto oculto», compuesto por ciudadanos que no expresan abiertamente su preferencia por el MAS pero que sí acuden a las urnas en su favor, podría volver a jugar un papel decisivo. Esta masa silenciosa de votantes permanece fuera del radar de muchas encuestadoras y campañas opositoras.

Ante este panorama, los partidos de oposición no solo deben enfocarse en captar el voto indeciso o crítico del gobierno, sino también en construir una estrategia que reconozca y contrarreste el peso del aparato político del MAS. Ignorar su base estructural y el poder de su narrativa puede llevar a repetir los errores del pasado y poner en riesgo cualquier posibilidad de alternancia en el poder.

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